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Artículo

06-05-2011

Los Trastornos del Sueño

Los Trastornos del Sueño

Un niño normal de dos años requiere un promedio de doce horas por noche, más de una a dos horas de siesta.
A los seis años, un niño aún necesita doce horas de sueño, pero sus siestas ya son más cortas.
A los nueve, el promedio de horas de sueño es de once horas y a los doce, de diez. Hay que tener en cuenta que éstos son promedios de horas de sueño y que un niño que duerma más o menos horas no es anormal.
Muchas veces los padres se quejan de que el niño tiene un sueño inquieto, se mueve constantemente durante la noche, lo cual es normal y no indica patología.
Los lactantes menores que reciben alimentación durante la noche se habitúan a despertarse por la noche, costumbre, a veces difícil de erradicar que requieren aprender a conciliar solos el sueño nuevamente, lo cual se favorece con actitudes de tranquilidad, de aceptar el despertarse sin ofrecerle alternativas, sin proporcionar alimentos, para evitar la ingesta excesiva de leche.

Los preescolares, hijos de padres permisivos, tienen dificultad para conciliar el sueño a las horas adecuadas, pues los hábitos de crianza (secundarios a múltiples razones, como el preferir que el niño duerma hasta tarde en la mañana) han favorecido el ver televisión hasta altas horas de la noche, o alimentarlos varias veces dificultando el tránsito relajado hacia el dormir.
Estos hábitos de sueño son muy importantes porque se relacionan con la aparición de insomnio en la edad adulta.
Las pesadillas pueden provocar el despertar nocturno y se deben buscar causas tal corno los conflictos familiares, los programas violentos de TV y diferenciarlos del terror nocturno y de algún trastorno del sueño como el sonambulismo.
Los lactantes que muestran dificultades a la hora de establecer pautas regulares de sueño nocturno también pueden mostrar a menudo nerviosismo e irritabilidad generales como características de su temperamento.
Los trastornos del sueño durante la lactancia pueden ser el resultado de angustia o disputas de los padres.
Los niños mayores pueden experimentar temores nocturnos transitorios (a ladrones, ruidos, truenos y relámpagos, a ser raptados) que perturban el sueño. Los niños pueden expresar sus temores abiertamente, o disimularlos, acudiendo a menudo a tácticas destinadas a retrasar la hora de acostarse.
El niño asustadizo también puede buscar dormir en el cuarto de los padres o intentar entrar en él una vez que ellos se han dormido.
La ansiedad por la separación a menudo contribuye a este problema. Los niños pueden interpretar inconsciente y simbólicamente el sueño como un período durante el cual se les aparta del amor y la atención de los padres.

Si existe un conflicto dentro de la familia o ha habido separación o divorcio, esta ansiedad se exacerbará.
Los temores a acostarse con frecuencia guardan relación con separaciones normales como las que se producen cuando por primera vez el niño va a la guardería o al jardín de infantes.
A medida que, al crecer, los niños se hacen más conscientes de la muerte, pueden mostrarse reacios a irse a dormir por temor a morir. Este temor aumenta si recientemente ha muerto algún miembro de la familia.
La ansiedad relacionada con otras áreas de la vida del niño (familia, compañeros, rendimiento escolar) puede expresarse como un trastorno del sueño.
La depresión igualmente puede provocar alteraciones del sueño.



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CONSIDERACIONES LEGALES